Este año he logrado darme cuenta de que lo que me gusta de la Sociología es que, por fin, ha logrado darle respuestas a algunas de mis preguntas y además ha hecho que me haga más preguntas que aún no logro solucionar ¿no es, acaso, eso fascinante? Vivir haciéndose preguntas, y perseverar nuestra existencia en la búsqueda de respuestas.
Hoy me fue endilgada una tarea que en un principio hice contra mi voluntad, pero después, mientras se desataba la reprimida rienda de mis pensamientos, pude darme la cuerda suficiente que necesitaba para realizar mi tarea de buena gana.
Armar el árbol de navidad, que desde hace unos años no me causa más que una sensación de aversión y risa, nunca me ha gustado. Claro, a uno le gusta verlo listo ahí, que esté de antemano armado para "ad-mirarlo". Pero cuando te piden a ti que saques de la caja el árbol que está contorsionandose allí dentro, que desempolves esos adornos rococó que tienen que forrar toda la existencia del árbol: es una paja. Pero si no tienes nada más que hacer y lo haces con Mecánica Popular de banda sonora, la verdad es que se torna bien divertido.
El tener que sobajear las ramas plásticas de ese pseudo-pino, el manosear las pelotitas plateadas y doradas ornamentales, me hizo pensar en qué fue lo que gatilló que a alguien se le ocurriera revivir con este ritual, que hoy parece tan desviado de su propósito prístino, el nacimiento de Jesús. Me hizo pensar en que si el hecho de que sea una conmemoración sobre un personaje cristiano hacía que toda la comunidad perteneciente a ese corte se sintiera obligada a tener que ceder ante esta estrategia de repunte económico de fin de año.
Ponía las pelotitas por aquí y por acá y no sabía si esa imagen la había soñado o si la había visto cuando chica en una película en la que Mickey Mouse salía haciendo lo mismo que estaba haciendo yo, mientras Pluto perseguía a unas ardillas que jugueteaban en el árbol navideño. Cuando vi esa película yo era bien chica, y le encontraba sentido a la navidad sólo porque sí. No me sentía rara porque me llegaran regalos a mí, siendo que lo que se conmemoraba era el nacimiento de Cristo, los regalos deberían haber sido para él. Pero cuando uno es chico/a le gustan los regalos, y la verdad es que si cristo nació ese día o no, nos importa una soberana raja. Al menos ese parece ser el espíritu que termina por cultivarse en los niños luego de que se les es dada esta celebración sin que se les explique qué sentido tiene. Y aunque se les explicara, no tiene ninguna relación el nacimiento de Cristo con que entre todos nos regalemos objetos, cosas materiales. Más encima el mercado nos llama a eso, nos llama a comprar, nos llama a regalarle celulares a los niños, los obsoletos ipods, porque ahora son los iphone, implícitamente la publicidad nos dice "¡comprecomprecomprecompulsivamente!". Pero nosotros lo traducimos como "Es el nacimiento de Jesús". Absurdo.
Nos llama a la diferencia. Porque bien distinto es regalar una "Barbie" a regalar una "Gloria". Por último que existiera una Barbie de María Magdalena, pero ni eso. Esta celebración no es más que el llamado a un consumo indiscriminado y violento, infundado y repulsivo.
A propósito de las preguntas que me han nacido ultimamente, ayer mientras iba subiendo por la Alameda en micro me azotó un pensamiento que siempre se me viene a la cabeza, una de esas grandes preguntas que uno se hace y que son tan grandes que de repente la respuesta parece no ser solamente una. Le di rienda suelta, y esta vez sin miedo a no encontrar la respuesta, a la pregunta de ¿quién determinó lo que en Chile llamamos 'ordinario'? Yo siempre he dicho que si escribo lo que me tiene ocupada la cabeza me es más fácil poder entender lo que pienso. Y esta es la ocación indicada.
¿Qué es lo 'ordinario'? Por lo general esta palabra lo asociamos a lo hoy llamado "flaite". Si vemos a alguien en la micro que está cagándose de calor y que pronto saca una bolsa con hielos -que están al borde del derretimiento total- y se la pasa por todo el cuerpo, decimos que es "ordinario". Si de repente sentí mi saliva chiclosa y me dan ganas de expulsarla de mi boca y lo hago en plena calle y sin ninguna verguenza, también me podrían decir que soy ordinaria. Pero ¿por qué ese hecho hace a esa persona 'ordinaria'? ¿Por qué el ser humano acordó casi universalmente que le da asco ver a otras personas haciendo alarde de sus cuerpos y de lo que ellos producen, y que es biológicamente implacable? ¿Qué siente el ser humano al verse a él mismo en el lavatorio de su casa escupiendo esa hueá que tenía en la boca y que no soportó que se quedara cobijada ahí?
Cuando me puse a pensar en esto, el primer ejemplo de hecho que hace a la persona 'ordinaria' que se me ocurrió fue el de que...imaginemos que es invierno y una persona tiene frío. Y para mitigarlo va y se acuesta en esas rejas que hay en el suelo de la calle, donde por debajo pasa el metro y expele ese calor con olor a muchedumbre matinal que siempre nos da amablemente. Y así a la persona se le pasa el frío. Estoy segura de que si Julita Astaburuaga pasara por la Alameda y viera tal espectáculo, quedaría perpleja y comentaría "oye pero qué ordinariez oye". Por un momento pensé que lo que hacía ordinario a ese caballero que tenía frío es que no haya podido abastecerse por sus propios medios de calor. Que no tenga plata para comprar una estufa, o, en el caso de que la tenga, que no pueda esperar llegar a su casa para utilizarla. Pienso que quizás lo que lo hace 'ordinario' es que no sea capaz de avergonzarse de su falta de medios -no estoy hablando de lo que creo YO, estoy hablando como si pensara desde la cabeza de la Astaburuaga-. Y con ese ejemplo, la verdad es que el argumento es coherente. Pero si lo aplico al ejemplo de las ganas de escupir. Ahí mi argumento no se aplica. Porque no se necesita tener plata para aguantarse las ganas de escupir hasta llegar a la casa. Eso es algo que tiene que ver con la costumbre. Y con ese curioso asco que le produce al ser humano ver las secreciones de alguien a quien ni siquiera conoce. Debo reconocer que a mí también me da asco ver a gente escupiendo en la calle pero ¿será por la socialización? ¿o realmente en el quid del ser humano ese tipo de comportamientos le dan asco? ¿Por qué prima el pensamiento de un sector social poderoso pero pequeño, tan delicadamente seleccionado con pinzas? esto da para largo, asique cuando tenga más cabeza para seguir, continuaré.
Ya habiendo tenido más tiempo para pensar sobre el fenómeno de "lo ordinario", puedo decir que su origen se remonta a la necesidad de diferenciación que tiene el ser humano respecto de los demás animales. Como bien sabemos, el ser humano es el único animal que posee la cualidad de "pensar", lo que en palabras simples quiere decir que es capaz de racionalizar, de sopesar los costes y beneficios de sus acciones y optar por lo que maximice su bienestar. El tener abierta la posibilidad de pensar nos hizo darnos cuenta de que somos los únicos seres vivos capaces de llevar a efecto un ejercicio de abstracción, y ficticiamente nos hizo creer que por el solo hecho de poseer esa virtud nos situábamos por sobre los animales. Tratamos de alejarnos lo más posible de ellos para que nadie sospechase nuestra procedencia que tanto nos avergonzaba. Cometimos el error de pensar que, justamente, por "pensar" estábamos un peldaño más arriba que los demás seres vivos y que la virtud del pensamiento era una herramienta de poder. Y desde luego que lo es, pero sólo si usamos el pensamiento en beneficio de la armonía con nuestro mundo, en vez de alimentar nuestro voraz e insaciable egoísmo.
Al querer desprendernos de nuestro origen, de nuestra propia especie, la animal, nos auto-amordazamos censurando lo que constituyen nuestros instintos innatos, como lo son el instinto sexual, maternal y de supervivencia, que son los más importantes ¿Quién no ha visto a un perro vomitando sin ningún pudor al frente de todo aquel que pase por delante de su nariz, o rascándose las pulgas indiferente a lo que piensen los demás canes? Un ejemplo más ordinario (común) todavía: ¿quién no ha visto a un perro cagar? ¿o mear? De todo eso hemos querido alejarnos por medio de la socialización, que nos obliga, entre otras cosas, a controlar nuestro esfinter en los primeros años de vida y a hacer nuestras necesidades en espacios privados, que nadie te vea porque...¡qué vergüenza!, a no comernos los mocos, a no tener derecho a tener piojos, básicamente a no comportarnos como animales. Lo ordinario sería la conducta que más se acerca a la de nuestros traicionados animales.
Otro factor que me parece importante señalar, habiendo hecho referencia ya a lo que, se cree, es mejor hacer en casa o en la calle, es que lo 'ordinario' va muy enlazado también con una "correcta" utilización de los espacios públicos...pero ¿quién determino cuál era la forma correcta?
1. navidad debería ser reformada, no siempre fue así, es básicamente en los últimos 20 años de neoliberalismo o si no preguntale a tus abuelos, antes la cosa era mucho más austera
ResponderEliminar2. ordinario en oposición a extraordinario, esto en tanto tratar de hacer las cosas mejor que el promedio sí diferenciarse por un tender hacia algo que te hace más feliz (simplificando mucho)
3. razonar y no ser animales porque así nos enfermamos y morimos menos, tenemos más esperanza de vida que si no estuvieramos socializados, tenemos norma porque tenemos comunidad, como los monos, si nos expulsan morimos... y no solo de penita xD
4. loco que le pueda responder a una mane que aun no conocía