Mucho me ha dado para pensar la situación de emergencia a la que se ha tenido que enfrentar el país en los últimos tres meses...sobre hasta qué punto es solidaridad lo que se practica, en qué momento se acabará este boom de solidaridad, se trata de solidaridad genuina o es solo una fachada para que no nos devore el remordimiento por no practicar nada que ayude al país a salir del abismo en que, aún, sigue sumergido.
A muchos nos ha tocado ver que, antes del terremoto, varios de los que hoy están urgidos por ir a construir cada fin de semana yacían en sus lechos asiéndose los testículos con una mano y con la otra rascándose la guata u ordenándole a mami que les llevara el desayuno a la cama. Que probablemente, por no decir "seguramente", cuando se haya alcanzado la meta de las 9875298523 mediaguas construídas volverán a sus casas y esperarán que haya otro terremoto y que nos invadan los alienígenas para recién pensar en actuar de nuevo.
¿Por qué el servicio tiene que ser un medio y no un fin? ¿Por qué aprovechar la penuria en que está viviendo mucha gente ahora como una instancia para conocer a mi futuro amigo con ventaja? ¿Por qué bajo el pretexto de "solidaridad" algunos se excusan para conocer gente y tener panoramas todos los fines de semana? No digo que esté mal conocer gente, de hecho he tenido la fortuna de conocer gente maravillosa en estos trabajos (como también he tenido la posibilidad de conocer gente muy mierda), pero a ratos pareciera que para algunos su móvil para actuar es la vida social y no hacer un trabajo con la gente a la que se está acudiendo.
Está demás decir que frente a esta situación, hay un grupo que a veces confundo con el que detallé recién que siente que le está haciendo un favor a la gente con esto de construir, y que éste favor casi debiese ser retribuído. Por lo que no es raro observar aires de superhéroe y, por lo mismo, un trato con la gente que dista de ser de igual a igual: de lo único que se habla es de dónde quiere la familia que se emplace la mediagua, en qué dirección viene la lluvia y que les avise a qué hora van a almorzar, cuando lo que más necesitan en ese momento es apoyo, intercambiar experiencias a través de la palabra, recordarles que no porque seamos de Santiago y estemos yendo a construir estamos dejando de ser humanos: nuestra condición de seres humanos evidencia que nos conmovemos frente a cosas parecidas, que hemos sentido cosas parecidas, que tenemos padre, madre, que tenemos momentos en que lo pasamos mal, en otros bien, y que siempre que alguien se encuentre desolado y que necesite una mano se la vamos a brindar sin pedirle nada a cambio. Esto es lo que los superhéroes olvidan porque creen que ayudar es un trabajo remunerado, pero se equivocan porque de eso se trata la solidaridad: no practicarla a cambio de fama, dinero, pololos/as o carretes.
Mientras trataba de distraerme de estas divagaciones, pesqué "Historias de Cronopios y de Famas" del sabio Cortázar, y pareció como si hubiese querido decirme algo así como "eso no sólo pasa en Chile. Desde Buenos Aires también pude apreciarlo". Con "Filantropía" reafirmé que la idea que expresé en todas las líneas anteriores no es sólo una idea mía, sino que también sucede en el mundo habitado por cronopios, famas y esperanzas...Es un cuento de dos párrafos, pero el que más me interesa es el primero:
"Los famas son capaces de gestos de una gran generosidad, como por ejemplo cuando este fama encuentra a una pobre esperanza caída al pie de un cocotero, y alzándola en su automóvil la lleva a su casa y se ocupa de nutrirla y ofrecerle esparcimiento hasta que la esperanza tiene fuerza y se atreve a subir otra vez al cocotero. El fama se siente muy bueno, solamente que no se le ocurre pensar que dentro de pocos días la esperanza va a caerse otra vez del cocotero. Entonces mientras la esperanza está de nuevo caída al pie del cocotero, este fama en su club se siente muy bueno y piensa en la forma en que ayudó a la pobre esperanza cuando la encontró caída.
Los cronopios no son generosos por principio. Pasan al lado de las cosas más conmovedoras, como ser una pobre esperanza que no sabe atarse el zapato y gime, sentada en el cordón de la vereda. Estos cronopios ni miran a la esperanza, ocupadísimos en seguir con la vista una baba del diablo. Con seres así no se puede practicar coherentemente la beneficencia, por eso en las sociedades filantrópicas las autoridades son todas famas y la bibliotecaria es una esperanza. Desde sus puestos los famas ayudan muchísimo a los cronopios, que se ne fregan"".
Mane! :O
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