sábado, 16 de octubre de 2010

democrasucks

Ese carrito de la esquina era el blanco perfecto ¿cuánto tiempo dejando que los humanos devoraran completo tras completo en frente de nuestros ojos y nosotros de brazos cruzados mirando cómo lo hacían? Esto es intolerable dijo una mosca y alegó que ya era hora de actuar. Era muy carismática así que todos la aplaudieron y apoyaron con gritos para animarla.

No todos tenían claro el panorama de lo que pasaba, pero eso no era lo importante: que uno pensara por todos no era novedad. Uno de los bichos hablaba y el resto lo seguía como ganado ovino al arreador. Existía pereza para cuestionarse la situación: era terrible ver que los humanos pasaban una y otra vez comiendo esos completos que chorreaban en mostaza y mayo casera, sí, era una tortura. Pero nadie sabía cómo actuar para hacer algo al respecto. Miedo, paja, ignorancia, llámelo como quiera...
Se organizaron, con la mosca y sus amigas a la cabeza, y asaltaron el carrito entre todos los bichos, logrando llevarse un pan de hot dog las hormigas, una salchicha entre los caracoles, media palta entre las avispas, medio tomate entre los mosquitos, un poco de mayo y ketchup con el trabajo en conjunto de mariposas y gusanos. La mostaza estaba en las penumbras y para las polillas fue imposible cumplir con la misión que les habían encomendado.

No obstante eso, tenían en sus manos los ingredientes fuertes para al fin comerse el hot dog que tanto habían anhelado. El pan estaba fresco y la palta y el tomate tenían muy buen color, así que no se discuta más y ¡a armar el hot dog!

Abrieron el pan y lo pusieron a la disposición de los otros ingredientes. Los bicharracos estaban eufóricos porque por fin iban a poder comer esos apetitosos completos que los bastardos humanos se zampaban en frente de sus narices sin ninguna piedad.

Para poder armar el hot dog era crucial la colaboración de todos los bichos, pues había que mantener el pan en pie para poder agregar los otros ingredientes. Con la ayuda de las avispas pusieron la salchicha, que quedó muy bien posicionada...ahora había llegado la hora de poner el..la..¡¿el tomate o la palta?! A continuación se generó una discusión que comenzó a extenderse, que llevó a que entre los bichos comenzaran a discutir, algunos en tonos más pasivos y otros más agresivos, sobre qué debía ir primero. Este era un asunto muy serio. En el acto se resolvió que se llamaba a una reunión para determinar qué poner primero, la palta o el tomate, y cómo iba a ser el procedimiento de votación. Todos los Bicholándicos fueron excepto las polillas que se quedaron cuidando los ingredientes para que nadie se los robara.

Un ciempiés se paró en el podio y con breves palabras dio inicio a la discusión que él mismo moderaba, dando las palabras y quitándolas cuando correspondiera. Entre las hormigas había una que izó su mano para pedir la palabra. El ciempiés se la dio.

La hormiga tenía un bigote muy peculiar y era muy conocida por el donaire que tenía al expresarse. Se levantó entre sus compañeras, que chillaban y estaban al borde de los golpes tras generarse la discusión.
-"A ver, a ver, a ver compañeras. Ustedes no han entendido nada. Aquí no hay problema alguno y me da la impresión de que esa es la razón por la que pelean. Está claro que todos tenemos hambre, sí, que tenemos todos los ingredientes necesarios para hacernos el hot dog que tanto queremos. Hay palta, hay tomate, pero déjenme decirles, estimados, que lo que debe ir primero, e insisto en lo de que debe, es el tomate. Y luego la palta. Y el que no pueda entender por qué, que venga y me lo diga en la cara."

Esto despertó ira en una porción de los asistentes a la reunión sobre qué ingrediente poner primero. Algunos no entendían por qué debía ir antes el tomate, por qué no había espacio antes para la palta si era perfectamente posible.

Entre la conmoción que embargó en ese momento a los asistentes y que los comenzó a dividir, el ciempiés pidió que se respetaran las palabras, pues la algarabía no dejaba que la hormiga terminara de hablar. Una vez callados, la hormiga pudo proseguir:

-"¡Compañeros! Pido que se respete la palabra. Pongamos las cartas sobre la mesa: en nombre mío y de mis compañeras digo que hay que poner primero el tomate porque es lo mejor para todos: todos sabemos que nuestro Estado Bicholandia debe aspirar al bien común y...bueno...todos sabemos que el bien común se alcanzará si ponemos el tomate antes que la palta ¿O acaso tiene algo de malo hacerlo? Yo los llamo a que sean transparentes con lo que quieren para uds. mismas, el tomate primero ES el bien común ¡he dicho!"

Y todas las hormigas emocionadas porque esta compañera una vez más había hablado representando a sus holgazanes intereses, a su inmutable inercia que no cuestionaba ni una sola palabra de la hormiga sólo porque eran de la misma especie, nunca desconfiando sobre si mediaban intereses personales en lo que con cada palabra exigía. No se sabe si la hormiga era muy astuta para ganarse al resto de sus compañeras o si ellas eran lo bastante tontas como para tragarse cualquier cuento de la hormiga. También pueden ser las dos cosas juntas, por qué no.

Una mariposa se alzó e inquirió a las hormigas por qué era tan necesario poner el tomate antes. Como nadie se atrevió a responder, ahí partió de nuevo la hormiga del bigote peculiar:

-"Hay que poner primero el tomate porque así la palta la aprisiona y no la deja salir. Además, a mi parecer, el verde es más agradable visualmente que el rojo. Con el tomate primero, no será necesario que haya un grupo de compañeros por aquí y por acá sosteniendo lo que se va cayendo mientras otros compañeros comen, sino que podremos hacerlo todos al mismo tiempo, todos por igual ¡qué maravilla! todo Bicholandia avanzando juntos hacia una buena alimentación, porque ¡los niños son el futuro! ¡Viva la democracia!

-"VIVA!" gritaron todas las hormigas felices y se abrazaron unas con otras, incluso algunas lloraron y otras sacaron banderas con dibujitos y colores después de este prometedor y emotivo discurso. Con esas palabras tan bien seleccionadas cualquiera habría comprado el sueño de la igualdad y la representatividad. Aunque algunos caían nuevamente en la duda de si este grupo animal era realmente estúpido o si los buenos oradores sabían disfrazar sus intereses con pomposas palabras que el pueblo quería escuchar...palabras demagogas, pero lo que el pueblo quería escuchar al fin.

De pronto una mosca levantó la mano para pedir la palabra:

-"Silencio compañeros, respetemos la palabra de la mosca" dijo el ciempiés, y le dio la palabra mientras intentaba apaciguar los ánimos.
-"Bueno, me gustaría decir que, con el resto de las moscas, hemos estado conversando y llegamos al acuerdo de que es mucho mejor para todas poner la palta antes del tomate, porque si ponemos el tomate antes ¿qué va a pasar? se va a mojar el pan y vamos a terminar comiendo migas mojadas y creo que esa no es la idea. Si ponemos la palta antes, además de que ésta termine por sujetar al tomate, porque actúa como un piso para el tomate, es visualmente más agradable y democrático porque se ven los colores de la palta y el tomate, así que habrá para todos los gustos. Creo, estimada hormiga, que estás tomándote una atribución que no corresponde cuando dices que casi que deberíamos esconder al tomate porque es más bonito el verde. Déjame decirte que tu posición no refleja otra cosa que una censura fascista: estás negando un color que es natural del hot dog". Como es de esperar, la masa de moscas aplaudió pasmada y contenta a la compañera que se había pronunciado recién: vitorearon arengas frenéticamente, mientras la hormiga y su séquito miraban sin entender la acusación de la mosca. Una se alzó y repuso:

-"Pues bien, muy fascistas seremos pero esa es nuestra posición y ustedes son más fascistas al acusarnos por opinar algo distinto. Dicho sea de paso, también, que considerando los barrios por los que se mueven, ustedes son las más pasadas a caca. Se dice que uno es lo que come, y si ustedes comen mierda creo que la cosa está clara."

Entre los que comparecieron a la reunión había una escasa libélula: eran pocas pero les interesaba saber qué acontecía. Esta vez sólo una asistió a la reunión y pidió la palabra al ciempiés. Le fue otorgada la palabra pero todos los bicharracos discutían y no la dejaban hablar. Como podía trataba de hacerse escuchar pero todo esfuerzo parecía vano. Sin más ni más, no alzó la voz y habló con la misma calma con que había empezado:
-"Amigos ¿no creen que estamos dándonos vueltas sobre un mismo asunto? El completo tendrá el mismo sabor si le ponen la palta antes o después del tomate, no sé qué es lo que tanto discuten.
-"A ver, libélula ignorante -dijo una hormiga-: que estemos peleando por una misma causa no implica que por eso vayamos a dejar que las moscas nos aplasten con sus patas llenas de mierda y nos impongan un procedimiento para llegar a nuestro bojetivo común que, hasta donde entiendo, es comernos el completo ¿acaso no ves que lo que tratan de hacer es maniobrarte para que contribuyas a la satisfacción de sus propios intereses? ¿es este mundo el que quieres dejarles a tus hijos? ¿te vas a someter? ¡yo no! ¡no permitiré que jueguen así con mi voluntad y menos con las de mis compañeras!
-"Claro -respondió la libélula-: por eso se justifica que ustedes impongan sobre los demás el procedimiento que les parece más pertinente, sí, cómo no. El problema de fondo no debiese ser este ¿por qué nadie discute sobre cómo vamos a repartir el hot dog? ¡Esas son decisiones vinculantes! No estas estúpidas discusiones: aunque la palta vaya arriba o abajo, la decisión de la repartija no está zanjada. Por eso solicito que hagamos algo con respecto a eso en vez de darnos vueltas sobre cosas sin sentido".
Hubo un silencio que duró cinco segundos hasta que una mosca lo quebró al decir "¡También es fascista!" y todas las moscas arremetieron en contra de la libélula (ya sabremos que basta con una primera piedra para que los cobardes inseguros se pronuncien y no haya una última piedra).

La libélula no podía entender qué pasaba por las cabezas de los bichos para hacer una acusación así. No tenía sentido. La palabra "fascista" le sonaba a un calificativo peyorativo y que, claramente, no merecía en un momento como este.

De pronto pareció que todos sus sentidos se habían abierto y sintió el odio, degustó la envidia, grabó en su memoria el olor a la ambición de poder, se deleitó con la belleza de los que callan y con lo horripilante que luce la gente cuando opinan y se escudan hablando en nombre de los valores y los principios y la moral. Este minuto se presentó como una revelación, y la libélula decidió no quedarse a escuchar hablar a la tropa de dirigentes y sus seguidores vociferando gritos pro-justicia, libertad, igualdad, protección. Fue suficiente con la respuesta que le dieron el resto de los bichos para decidir irse.
Camino a su casa lo pensó más. Y creyó que sí podía observar este circo pero no ser parte de él. Así que se devolvió al lugar de la reunión y permaneció en un árbol observando lo que se hablaba, tratando de abstraerse y no sentirse parte del zoológico que estaba presenciando. La discusión seguía. Y siguió por varios días y noches. Hasta que las polillas irrumpieron en una de las sesiones pidiendo la mano. Nadie las había visto en las reuniones porque estaban cuidando los ingredientes, por lo que no era raro ver a algunos con cara de extrañados. Una de las polillas tomó el megáfono y dijo "Habitantes de Bicholandia, lamento decirles que... la palta y el tomate se pudrieron. Y el pan está añejo, imposible de comer". Nadie podía creerlo. Todos los bichos se miraron y comenzaron a llorar. Y la libélula mirando todo esto desde el árbol dijo: "se trata de actuar ahora".

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